Bendita garnacha!

Ya es la segunda vez que me topo con un monovarietal de garnacha bien elaborado y he de reconocer que si la primera vez fue sorprendente, en esta ocasión diremos que es digno de dedicarle unas lineas.

Resulta habitual toparse con sabiondos trasnochados del vino, con la costumbre de tildar la garnacha como una uva poco menos que inservible, en la misma frase en la que dicen que el mejor vino es el Rioja, “Coto” si puede ser y que la garnacha solo se usa para dar color. También dicen que en Navarra no se hacen buenos vinos.

Sirva esta entrada para remarcar la impecable calidad de un par de caldos elaborados cien por cien con garnacha, que me han resultado especialmente destacables.

El primero, he de reconocer que me sorprendió dado que era la primera vez que probaba un monovarietal envejecido de garnacha. Se trata de un vino elaborado por Bodegas Alconde (Lerín, Navarra), un reserva “selección garnacha” que hace ya bastante que degusté y del que recuerdo elegancia y armonía de aromas y sabores.

Si bien la primera bodega es una de mis habituales, en el segundo vino, además del propio caldo en sí, también me sorprende la bodega, en este caso de San Martín de Unx (Navarra), ya que de este pueblo creía conocerlas todas. Se trata de la Bodega Domaines Lupier, y el vino en cuestión es “La Dama”.

Es un vino elaborado con uvas de cepas centenarias, que os puedo asegurar que me ha cautivado, y que además me ha devuelto a mi niñez, al recordarme aquellos tiempos de vendimia y los aromas de los primeros litros de la temporada en la bodega de mi pueblo. No os asustéis, resulta que nuestra “escuela”, estaba en frente de la bodega cooperativa, y hemos aprendido el aroma de la uva antes que el abecedario.

El vino resulta formidable, armonizado y con una acidez perfectamente equilibrada, con un color inténso, brillante y con cierta capa.  Además es uno de esos vinos que “dice”. Y a mi me dice muchas cosas, fundamentalmente  por lo que he comentado, porque me transporta a mi niñez con arómas que sólo recuerdo de entonces, cuando servían a granel ese vino que Paco “el bodeguero” elaboraba con una maestría que para sí quisieran muchos enólgos actuales.

Después de investigar un poco, resulta que esta bodega ha sido seleccionada como uno de los 14 mejores productores de vino de garnacha del mundo. Por algo será.

Gracias a Josetxo y Bea por hacernos llegar la botella.

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Sardasol Reserva, bodegas Virgen Blanca

Asombrado, así me quedé cuando hace ya bastante tiempo, después de probar un agradable vino reserva, pude leer en la etiqueta: “Bodegas Virgen Blanca, Lerín”. Y me quedé así porque no podía dar crédito a que ese vino procediera de Lerín; no podía asimilar que a escasos 10 kilómetros de mi pueblo se pudiera elaborar ese caldo, y es que por donde vivo no estamos acostumbrados a ver bodegas cooperativas realizando procesos de envejecimiento que den como resultado unos vinos tan equilibrados y sabrosos.

Desde aquella primera botella “Reserva 1998” hasta hoy, Sardasol, tanto reserva como crianza, se ha convertido en un habitual de mis cenas por lo sabroso que resulta, por su excelente equilibrio entre el afrutado y la madera, y como no, por su excelente relación calidad precio.

Junto con los Gran Feudo de Chivite, Sardasol constituye hoy por hoy una excelente oportunidad de disfrutar de un buen vino denominación de origen Navarra.

 

Sardasol Reserva

Valdelosfrailes Prestigio, bodegas Matarromera

Uno de mis favoritos en relación calidad-precio. Vino denominación de origen Cigales, lo probé por primera vez hace dos años en una visita a Burgos y me cautivó. Sus notas poco convencionales donde se pontencian aromas especiados y balsámicos me resultaron totalmente reveladoras. Del grupo Matarromera, las bodegas se construyeron en 1998 y dispone de barricas de roble americano y francés. Este vino está criado durante 14 meses.

Valdelosfrailes

En la cata podemos leer:
Dominan los tonos cardenalicios con importantes ribetes amoratados. En nariz dominan los tostados de la madera, vainilla y tabaco. En boca, se muestra carnoso y persistente, con un recio tanino dulce, y una acidez bien ensamblada. El final, elegante y armonioso.

Rívola, Abadía Retuerta

Y con este vino abro sección en el blog. En la sección de vinos intentaré “dejar rastro” de los vinos que he probado y por un motivo u otro me resultan dignos de mención.

En este caso me gustaría comentar el Rívola de Abadía Retuerta. Hace ya algunos meses, en una tertulia informal sobere vinos, un conocido, que es “maitre” en un prestigioso restaurante de Pamplona, me comentó las bondades de este caldo. Lo cierto es que hasta hace un par de semanas, durante una de mis últimas excursiones gastronómicas, no había tenido ocasión de probarlo.

En concreto probé el Rívola 2004, un vino crianza de las tierras del duero (que no ribera de duero) denominación Castilla y León, con 14º de graduación alcohólica. Es bastante común observar cómo muchas personas no aprecian los vinos que no pertenezcan a una denominación concreta (a saber, Rioja, Ribera), y la verdad es que cada vez más disfruto con vinos procedentes de pagos, dominios o denominaciones sin renombre y menos con los enclavados en denominaciónes (especialmente me está pasando con los Rioja)

No es de extrañar que este vino me haya cautivado, sobre todo si indagamos en las referencias de la bodega y encontramos cosas como que en dicha bodega existen referencias escritas de su existencia desde el S. XVII, donde los monjes de la Abadía elaboraban y vendían vino. Desde los 70 la bodega ha seguido todo un proceso de reconstrucción y desde 1996 está elaborando caldos guiados por los más prestigiosos enólogos: Pascal Delbeck, enólogo de Château Belair (St. Emilion), participa en la dirección del proyecto desde el principio y Ángel Anozíbar, el único español doctorado en enología por la Universidad de Burdeos, forman equipo en la elaboración de los vinos.

Rivola

En la cata podemos leer: El vino ha sido elaborado mediante varios tipos de maceración bastante prolongada y ha sido criado 12 meses en barricas de roble especiales Abadía Retuerta. Color cubierto de reflejos violáceos y aromas complejos de frutos rojos, jazmín y helechos. Sabor generoso, tierno, fresco, ligeramente mentolado; final airoso.